Dieta mediterránea: Qué saludable, qué “multicultural”, qué ancestral…
qué bonita ella.
Pocos adjetivos referidos para identificar un sistema dietético son capaces
de sugerir per se, solo con mencionarlo tan buen rollo como sucede cuando
la expresión “dieta mediterránea” sale a colación. No importa dónde, ya sea en
la publicidad de un alimento o cuando toma forma de consejo: “siga la dieta
mediterránea”. Podría decirse incluso que se trata de una alegación de
salud en sí misma. Pero con una gran e importante matización a tener en
cuenta: al poner “dieta mediterránea” en un envase, al mencionarla en un
anuncio no se necesita rendir cuentas a nadie ni pedir permiso, por ejemplo, a
las autoridades sanitarias. Es decir, tanto la dieta tal cual, como el adjetivo
“mediterráneo” referido a un alimento, no es una alegación de salud y por
tanto no está sujeta a ese control al que si han de someterse las verdaderas
alegaciones, a pesar de que son más que patentes las relaciones
salutíferas que su sola mención son capaces de evocar. Por ejemplo, se
puede poner, y de hecho así se ha hecho, “dieta mediterránea” para
catalogar-dignificar-definir a un alimento tan procesado como lo es una
pizza industrial, un combinado con alcohol o unos snacks o aperitivos
con más del 50% de grasa en su composición… y quedarse tan ancho. Nadie le puede
legalmente decir nada al fabricante. Y como estos, hay decenas de ejemplos
similares.
En cualquier caso ya veremos si por “dieta mediterránea” se entiende
realmente un sistema dietético o, más bien, apelando al verdadero sentido
etimológico de la palabra “dieta”, se trata de otra cosa… de un estilo de
vida. Estilo de vida que a su vez incluye una concreta forma de
alimentación.
Así pues a partir de esta entrada (y no sé en cuántas más) voy a abordar las
cuestiones de cuándo se acuñó y porqué el término “dieta mediterránea”;
cuál es su origen; porqué se juntaron los conceptos “dieta” y
“mediterráneo” para dar lugar a la actual liturgia dietética; cómo y
porqué el concepto “dieta mediterránea” ha llegado a obtener el estatus de “Patrimonio
Cultural Inmaterial de la UNESCO” y otras curiosidades relacionadas con
tan insigne patrón dietético-cultural.
Esta mediterránea singladura saldrá del puerto de la Fundación Rockefeller y
acabará en el de la UNESCO.
Recorreremos infinidad de anécdotas, visitaremos diversos estudios, conoceremos
qué tiene que ver la cuestión mediterránea con las tropas aerotransportadas
estadounidenses de la IIª Guerra Mundial, y descubriremos para vuestra
sorpresa cuál es la capital de la dieta mediterránea en España (no es
broma; el que quiera ya puede ir haciendo sus apuestas y dejarla en los
comentarios). Conoceremos al patrón de este viaje, el Dr. Ancel Keys y
sabremos de la conexión hispana de este y de sus relaciones con otra gran figura
del panorama mediterráneo muy querida en España, el Profesor
Grande-Covián.
Para empezar y en relación con su origen, no se puede por menos que observar
el concepto de “dieta mediterránea” a partir de una doble vertiente:
En mi opinión, es precisamente esta dualidad la que ha propiciado tanta
parafernalia a base de, entiéndase, mezclar churras con merinas.
Para que te vayas haciendo una idea hace 60 años ni Dios sabía a qué te
podías referir si decías que seguías o recomendabas a alguien seguir la
“dieta mediterránea”. Nadie. Así pues, cuando oigas decir cosas como que “la
dieta mediterránea” es ancestral y se remonta al origen de los tiempos o
al menos a cuando las primeras civilizaciones se asentaron a orillas del mar
Mediterráneo, que sepas que te están contando un cuento. Más o menos
bonito y adornado como pudiera ser la Ilíada, con su mitología
y demás, pero un cuento. Eso sí, no será un cuento chino, sino uno
mediterráneo.
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